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El último bailarín de Mao

Publicado: 2010-09-07

Cuando Mikhail Baryshnikov desertó de la Unión Soviética en 1974, fue una noticia de actualidad que atrajo la atención del público tanto hacia el bailarín como hacia el ballet.

Pero no fue por cierto el único bailarín que desertó de un país comunista y se radicó en Occidente en esa época. Li Cunxin abandonó su casa y su estilo de vida en China rural para hacer una carrera en la danza en Estados Unidos, un recorrido del que da cuenta “El último bailarín de Mao”, una nueva película de Bruce Beresford.

Li inicialmente viajó desde la Academia de Danza de Beijing al Houston Ballet invitado por Ben Stevenson, el entonces director artístico de la compañía. Después de desertar en 1981, Li llegaría a ser una estrella.

“Entre los que no hay que perder de vista está Li Cunxin, uno de varios jóvenes bailarines chinos de Pekín que han estado estudiando y trabajando con el Houston Ballet”, escribió Anna Kisselgoff en The New York Times en 1981. “Baila con una elegancia extraordinaria, usando su torso y sus brazos con una gracia maravillosa, y también es un as en los giros”.

Li bailaría con la compañía 16 años, para luego trasladarse a Australia y escribir una biografía que fue un best-seller y que serviría de base para el film. Chi Cao, rector en el Birmingham Royal Ballet, tiene el papel protagónico interpretando a Li, y Baryshnikov aparece en un video que miran los estudiantes de la academia de Beijing.

En una entrevista telefónica desde Australia, Li, que actualmente tiene 49 años, habló de la película y de los cambios que han experimentado tanto él como China.

Los siguientes son extractos de esa conversación:

P. ¿Cómo fueron sus primeros años de vida?

R. Nací en una época durísima para China. Nací en 1961, pero entre 1958 y 1961 entre 35 o 38 millones de personas murieron de hambre, de modo que nací en un tiempo terriblemente difícil de la historia china y era el sexto de siete varones. Se imaginará lo difícil que fue para mis padres criar a siete hijos, y mis padres eran campesinos y nunca tuvieron el privilegio de ir a la escuela o sea que no sabían ni leer ni escribir.

Para ellos, era una lucha cotidiana cuidar que sus hijos no murieran de hambre. De chico, en las comidas que hacíamos no teníamos suficiente para comer. Cuando nací, mi destino por lo tanto era ser campesino.

P. Cuando tenía 11 años lo eligieron para dejar su casa.

R. Fue un momento increíble. Como se ve en la película, cuatro hombres de Beijing entraron en nuestra aula y se presentaron como asesores culturales de Madame Mao de la Academia de Danza de Beijing y dijeron que estaban buscando talentos para crear un ballet.

Ese día, hacía un frío helado y nevaba, y el viento hacía volar los copos de nieve, que se arremolinaban afuera, y estábamos sentados en una casucha estudiando los textos de “Te amamos, presidente Mao”. En mitad de la lectura del libro, entraron a la clase y nos hicieron levantar y cantar canciones.

Resulta que todos usábamos esos abrigos gruesos acolchados y pantalones que nos habían hechos nuestras madres y parecíamos unos gnomos redondos, y estos asesores trataban de analizar nuestros gestos faciales y hacerse una vaga idea de qué tipo de cuerpo teníamos. Primero pasaron de largo al lado mío pero cuando estaban saliendo, mi maestro les palmeó el hombro y dijo ¿y ése? Y eso fue todo. Más tarde, nos llevaron al despacho del director de la escuela, y nos desnudaron y midieron cada centímetro de nuestros cuerpos y nos obligaron a levantar las piernas. Fue muy doloroso. Me desgarraron los dos isquiotibiales.

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